
La paciente tenía una gran dificultad para servir café en una taza. Ella podía ver claramente la forma, el color y la posición de la taza en la mesa, le dijo al médico. Además, era capaz de servir café con la cafetera.
Pero el chorro de café que salía de la cafetera parecía estar congelado, como cuando se congela una cascada. No podía ver su movimiento. Así, el café podía rebalsar la taza y empezar a caer por los costados.
Cuando ella salía a la calle aparecían problemas mucho más peligrosos. Por ejemplo, no podía cruzar una calle porque el movimiento de los autos era invisible para ella: un auto estaba al principio de la cuadra y luego sobre ella, incluso sin haberlo visto ocupar el espacio entre los dos puntos.
Incluso las personas moviéndose por una habitación la hacían sentirse muy intranquila, porque "las personas estaban de repente en un lugar o en otro pero yo no podía verlos moviéndose", se quejó con Josef Zihl, un neuropsicólogo que la atendió en el Instituto Max Planck de Psiquiatría en Munich, en Alemania, en 1980.
La extraña ceguera al movimiento de la mujer era el resultado de una apoplejía que había dañado áreas específicas de su cerebro.
Lo que ella perdióla habilidad de ver objetos moviéndose a través del espacioes un aspecto muy importante de la visión. En los animales, esta habilidad es fundamental para su supervivencia: tanto los predadores como sus presas, dependen de ser capaces de detectar el movimiento rápidamente.
De hecho, los sapos y muchos otros vertebrados simples, no pueden ver un objeto a menos que el mismo esté en movimiento. Si una mosca muerta es colgada de una cuerda que no está en movimiento, enfrente de un sapo hambriento, el sapo no podrá percibir esa comida con alas. Las células "detectoras de insectos" presentes en la retina están conectas de forma tal que sólo responden al movimiento. El sapo puede morirse de hambre, con la lengua firmemente doblada adentro de la boca, sin darse cuenta de que la salvación está suspendida en una cuerda frente a sus ojos.
Mientras que la retina de los sapos puede detectar el movimiento, la retina de los humanos y de otros primates no puede hacerlo.
"Mientras más tonto es el animal, más inteligente es su retina", dice Denis Baylor de la Facultad de Medicina de Stanford. El cerebro grande y versátil de los humanos se encarga del trabajo, analizando el movimiento a través de vías de conexiones neuronales altamente especializadas.
Esa es la vía que fue dañada en la ceguera al movimiento de la paciente de Munich. Comparada con el conjunto complejo de regiones de la corteza visual, que están encargadas de percibir los colores y las formas, esta vía de percepción del movimiento parece relativamente organizada y simple. Más que ninguna otra parte de la corteza, ha cedido a los esfuerzos para descubrir "la relación precisa que existe entre la percepción y la actividad de una neurona sensorial en alguna parte del cerebro", dice Anthony Movshon, un investigador del HHMI, en la Universidad de Nueva York.
Examinemos que pasa cuando uno mira una película, sugiere Thomas Albright del Instituto Salk. Cada uno de los 24 cuadros proyectados por segundo sobre la pantalla del cine es una fotografía; en una película nada se mueve realmente.
La ilusión del movimiento es creada por el sistema de procesamiento del movimiento, que automáticamente une, por ejemplo, las imágenes de las piernas que cambian de posición suavemente entre un cuadro y otro, dando la apariencia de que un actor está caminando. La paciente de Munich es incapaz de realizar esta unión. En la vida cotidiana o en un cine, ella ve al mundo como una serie de fotos.
"El sistema del movimiento debe combinar los elementos de las imágenes entre cuadro y cuadro, a lo largo del espacio y del tiempo", dice Albright. "Tiene que detectar en qué dirección se está moviendo una mano, por ejemplo, y no confundir esa mano con una cabeza cuando la misma se agita enfrente de la cara de alguien".
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