
06 de noviembre de 2005
Conversión de sensación en percepción
La percepción de algo que simplemente se toca puede depender
tanto de la memoria, la atención y la expectativa como del
estímulo mismo, según indica una nueva
investigación realizada por el becario internacional de
investigación del Instituto Médico Howard Hughes (HHMI)
Ranulfo Romo y por su colega Victor de Lafuente. Los científicos
encontraron que las percepciones táctiles de los monos se
correlacionaban con la actividad cerebral del lóbulo frontal,
área que asimila muchos tipos de información
nerviosa.
Romo y de Lafuente, ambos del Instituto de Fisiología Celular en
la Universidad Nacional Autónoma de México, publican sus
resultados en el número de diciembre de 2005, de la revista
Nature Neuroscience
.
El trabajo fue publicado con
anterioridad en Internet, el 6 de noviembre de 2005.

“Pienso que no sentimos con nuestras cortezas sensoriales.”
Ranulfo Romo
Uno de los interrogantes más difíciles de la
neurología consiste en comprender la forma en la que el cerebro
convierte las entradas sensoriales simples en experiencias perceptivas
completas. Muchos neurólogos asumen que las percepciones se
originan en las cortezas sensoriales, que son las primeras áreas
del cerebro que procesan la información que entra desde los órganos sensoriales, dijo Romo. Sin embargo, una
investigación reciente ha sugerido que la actividad en otras
partes del cerebro también podría contribuir a la
percepción sensorial.
Cuando se trata del sentido del tacto, un estímulo en la piel
activa un impulso que primero viaja a un área superior del
cerebro llamada corteza somatosensorial primaria (S1). La
información luego se mueve a otras partes del cerebro, donde
puede contribuir a la memoria, a la toma de decisiones y a las salidas
motoras.
Para explorar qué regiones del cerebro contribuyen a la
percepción sensorial, Romo y de Lafuente analizaron la actividad
nerviosa que se asocia con el sentido del tacto en los monos macacos.
Los investigadores tocaron las yemas de los dedos de los monos con un
estímulo indoloro que a veces vibraba y a veces no. La
intensidad de la vibración variaba, por lo que a veces era
fácil para los monos indicar que la vibración estaba
activada, mientras que otras veces las vibraciones eran tan
débiles que los monos no siempre las podían detectar. Los
monos fueron entrenados para que pudieran indicarles a los
investigadores si el estímulo estaba vibrando o estaba quieto, y
eran recompensados con comida cuando acertaban.
Los científicos encontraron que actividad de las neuronas S1,
donde primero llega la información táctil, se
correlacionaba directamente con la fuerza del estímulo; cuando
la fuerza de las vibraciones era más intensa, las neuronas S1
descargaban más rápidamente. Sin embargo, la actividad de
estas neuronas no se correlacionaba con las respuestas comportamentales
de los monos. Sus índices de descarga se asociaban directamente
con la intensidad del estímulo, si los monos sentían y
respondían conscientemente al estímulo o no.
Romo y de Lafuente también registraron la actividad neuronal en
la corteza premotora media (CPM), que es una región del
lóbulo frontal del cerebro que se sabe está involucrada
en la toma de decisiones sobre la información sensorial. La
actividad de esta área sí reflejó las respuestas
subjetivas de los monos a la sonda vibrante. Las neuronas de la CPM
respondían de una manera absoluta; descargaban cuando el mono
pensaba que las vibraciones estaban presentes -aunque no lo estuvieran-
y no descargaban cuando el mono pensaba que las vibraciones no estaban
presentes -aún cuando sí estaban ocurriendo-.
Estos resultados indican que las percepciones de los monos no surgen de
la actividad cerebral en la corteza sensorial misma, sino de la
actividad en el lóbulo frontal de la CPM, dijo Romo.
La CPM “es muy interesante”, dijo Romo. “Al parecer,
puede tomar información de la memoria y de áreas
sensoriales, y también puede relacionar esta actividad con el
aparato motor”, de modo que los monos pueden indicar
físicamente lo que piensan está sucediendo.
Para comprender la relación de la CPM con las percepciones de
los monos, los investigadores utilizaron un electrodo para aplicar un
estímulo eléctrico débil a las neuronas de la CPM.
Encontraron que la estimulación de estas neuronas hacía
que fuera más probable que los monos que habían percibido
una vibración respondieran, ya sea que estuviera ocurriendo el
estímulo vibrante o no.
Romo y de Lafuente también encontraron que las neuronas de la
CPM comenzaron a descargar antes de que el estímulo incluso
tocara las yemas de los dedos de los monos. Romo cree que esto se debe
a que el mono está esperando el estímulo y que las
neuronas se anticipan descargando.
“Pienso que no sentimos con nuestras cortezas sensoriales”,
dijo Romo. Las percepciones, en cambio, surgen en áreas de un
orden cerebral superior a partir de una combinación de
sensación, atención y expectativa. “La
representación sensorial es [sólo] para confirmar algo
que ya se ha pensado”.
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