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Procedimiento mínimamente invasivo podría ayudar a corregir el ritmo de bombeo de corazones con ataques cardíacos severos.

La corrección del ritmo de las contracciones del corazón mediante terapia de resincronización cardíaca puede salvar la vida de personas con ataques cardíacos severos. Pero el procedimiento, como se realiza hoy, falla en cerca del 15 por ciento de los pacientes. Utilizando una metodología mínimamente invasiva que podría dejar boquiabiertos a los especialistas del corazón, un investigador que es estudiante de medicina desarrolló una técnica que -al menos en cerdos- supera los defectos principales del procedimiento. Steven Mickelsen, estudiante de medicina de tercer año de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva México, realizó la investigación durante un año fuera de la facultad de medicina, como becario de investigación del Instituto Médico Howard Hughes y de los Institutos Nacionales de la Salud, en el Instituto de Corazón, Pulmón y Sangre. El ritmo apropiado de bombeo entre las cámaras bajas del corazón, que envían sangre a los pulmones y al resto del cuerpo, es importante para que el corazón funcione con eficacia. Cuando esta sincronización deja de funcionar correctamente en pacientes con ataques cardíacos, la implantación de un dispositivo cardíaco de resincronización puede ayudar. Un paso crítico en la terapia de resincronización cardíaca es la colocación de marcapasos -compuestos por alambres delgados que resincronizan el latido de los ventrículos izquierdo y derecho- en el corazón mismo. La metodología estándar para la colocación de los electrodos del marcapaso en el ventrículo izquierdo es a través del vaso sanguíneo de la superficie del corazón, la cual es una técnica difícil en algunos pacientes y limita la colocación del electrodo al lugar donde hay vasos sanguíneos. Un número substancial de marcapasos cardíacos no pueden funcionar porque sus electrodos se colocan mal o se desplazan. Cuando falla la colocación de un electrodo, el paso siguiente más común es la cirugía abierta de tórax para colocar el electrodo -procedimiento invasivo que requiere de un cirujano y de anestesia general-. Con la guía de Elliot McVeigh del Laboratorio de Energética Cardíaca del NHLBI, Mickelsen buscó una mejor forma de colocar electrodos críticos, probando su nueva técnica en cerdos pequeños cuyos corazones tienen aproximadamente el mismo tamaño que el de los seres humanos. Mediante la utilización de un catéter insertado a través de la vena yugular del cerdo, implantó los electrodos del marcapasos al perforar la cámara superior del corazón para llegar al pericardio, que es el saco lleno de fluido que se encuentra alrededor del corazón. Esta es la primera vez que los investigadores han perforado adrede el corazón y han intentado dejar algo -como un catéter o un electrodo de marcapaso-. “La perforación cardíaca normalmente se consideraría una complicación importante”, explicó Mickelsen. “Todos la evitan”. Las perforaciones pueden llevar a sangrado que básicamente estrangula al corazón de modo que no puede bombear. Pero Mickelsen y sus colegas descubrieron que podían hacerlo. Pudieron insertar un electrodo de marcapasos en el espacio pericardial, y el sitio de perforación se curó con el electrodo ubicado. Informan sobre el estudio en el número de octubre de la revista Pacing and Clinical Electrophysiology . “El método descrito en este artículo representa un alternativa muy atractiva para la colocación de los electrodos de marcapasos”, dijo Albert C. Lardo, director del Laboratorio de Cardioterapia Guiada por Imagen de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. “Los estudios clínicos y animales de nuestro laboratorio han demostrado que hay una localización óptima para la colocación del electrodo, pero en pacientes con anatomía venosa coronaria levemente anormal, es a menudo difícil o imposible colocar el electrodo de forma ideal. En estos pacientes, los electrodos se deben implantar con una cirugía abierta de tórax muy invasiva. “Esta nueva técnica permite la colocación óptima del electrodo con una metodología mínimamente invasiva”, continúa Lardo. “Después de más estudios en animales, la implementación de tal método podría tener consecuencias clínicas significativas, tales como una reducción en las complicaciones, la hospitalización y el tiempo de recuperación comparado con procedimientos quirúrgicos convencionales”. Mickelsen insertó un catéter a través de la vena yugular del cerdo en el lado derecho del corazón. Mediante la utilización de rayos X para mirar a medida que guiaba el catéter a través de las venas, colocó el catéter justo arriba de la aurícula derecha y ensartó una aguja larga a través del catéter. Luego, perforó la pared de la vena que lleva a la aurícula, una de las cámaras superiores del corazón, e insertó la aguja y el catéter en el pericardio, saco que envuelve al corazón. De allí, dirigió un alambre fino a través de la aguja hueca hacia el interior del espacio pericardial. Se quitaron el catéter y la aguja, pero se dejó el alambre. El alambre fue utilizado para ubicar el electrodo del marcapasos en la pared externa del ventrículo izquierdo, o cámara inferior, del corazón, que bombea sangre hacia las arterias. La complicación principal para los cerdos fue la efusión pericardial, flujo de sangre hacia el pericardio -lo que no fue tremendamente sorprendente para los investigadores-. “Nadie había diseñado un equipo para este propósito. Tuvimos que improvisar con las herramientas que estaban disponibles”, dijo Mickelsen. “Aprendimos de esta pequeña serie de experimentos cómo mejorar la metodología”. Ahora, están diseñando mejores herramientas, tales como nuevos electrodos de marcapasos. “Tenemos que reproducir el procedimiento sin ninguna efusión y colocar el electrodo del marcapaso exactamente donde queremos”, dijo Mickelsen. Luego, necesitan probar el procedimiento en una serie pequeña de animales que estén tomando aspirina o que tengan presión arterial alta en sus venas -en otras palabras, hacer que se parezcan más a las personas con ataques cardíacos-. “Este estudio demostró la viabilidad y la seguridad de una metodología revolucionaria y mínimamente invasiva para introducir un electrodo para estimular o establecer el ritmo del corazón, aprovechando la anatomía del mismo”, dijo Hiroshi Ashikaga, coautor del artículo y jefe de investigación electromecánica cardíaca del laboratorio de McVeigh. “Si el paciente no tiene muchas venas en la superficie externa del corazón o si las venas están en la posición incorrecta, no podemos brindar una terapia óptima”, explicó Fred Kusumoto de la Clínica Mayo, en Jacksonville, en Florida, autor senior del artículo. “Con esta técnica, si resulta fructífera, podremos colocar electrodos en cualquier lugar”. Cuando Mickelsen le comentó por primera vez su idea a Kusumoto, el cardiólogo y electrofisiólogo dice que lo primero que pensó fue: “éste es un método muy creativo y novedoso para tratar un problema muy difícil que tenemos en pacientes de electrofisiología”. Mickelsen fue uno de los 38 estudiantes de medicina y cinco estudiantes de odontología que fueron becarios de investigación del HHMI-NIH durante 2004-2005. Vivieron y trabajaron en el campus del NIH en Bethesda, en Maryland. Ahora ya de vuelta en la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva México, en Albuquerque, para terminar su tercer año de la facultad de medicina, Mickelsen está planeando desarrollar algunas modificaciones de menor importancia a la metodología y al equipo e intentar el experimento otra vez el próximo año. “Deseo ser investigador y médico”, dijo Mickelsen. “Ésta fue la primera oportunidad que tuve que tomar una idea desde el principio e intentar que las personas se interesaran, conseguir aprobaciones y lograr que sucediera”.

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Jim Keeley 301.215.8858 keeleyj@hhmi.org