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31 de enero de 2008
Alejandra Figueroa-Clarevega
Los que mejor conocen a Alejandra Figueroa-Clarevega siempre pensaron que sería doctora. Recuerdan una curiosidad sin fin sobre el cuerpo, así como también el trabajo voluntario que realizaba con las brigadas médicas que llevaban asistencia a niños en áreas remotas de Honduras, donde ella creció. A Figueroa-Clarevega también le parecía una selección de carrera obvia. “Pensaba que si a uno le gustaba la biología, tenía que convertirse en médico”, dice. “No tenía mucha idea sobre lo que era la investigación”.
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Alejandra Figueroa-Clarevega
Washington University
St Louis, MO
Foto: Ben Weddle
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De todas maneras, Figueroa-Clarevega se lanzó a lo desconocido. Después de dejar a su familia para asistir a la Universidad de Loyola en Chicago, buscó una oportunidad de investigación durante el verano en un laboratorio de microecología. Allí, investigó la forma en la que la combustión de combustibles fósiles afecta a las bacterias que fijan el nitrógeno en el ambiente, y se dio cuenta que podía descubrir respuestas a sus propias preguntas científicas.
Después de su primer año, Figueroa-Clarevega se cambió a la Universidad Washington en St. Louis. Dice que su nuevo ambiente le resultó apropiado porque la “Wash U. tiene un compromiso increíble con las ciencias biomédicas y alientan a estudiantes de grado a que tomen un papel activo en la investigación”.
El verano siguiente, Figueroa-Clarevega fue invitada a participar en el Programa de Oportunidades Excepcionales en Investigación (EXROP, por sus siglas en inglés), que provee a estudiantes universitarios talentosos provenientes de orígenes desfavorecidos de experiencias de investigación durante el verano en laboratorios de investigadores del HHMI y de profesores del HHMI. Ella trabajó con el investigador del HHMI Norbert Perrimon en la Facultad de Medicina de Harvard, donde estudió una vía de señalización que ayuda a guiar el crecimiento y el desarrollo de la mosca de la fruta Drosophila. Entonces, pasó su tercer y cuarto año en el laboratorio de la profesora del HHMI Sarah Elgin en la Universidad Washington, estudiando la forma en la que el empaquetamiento de ADN puede influir en la expresión génica de Drosophila.
“Ale tiene el talento intelectual, el entusiasmo y la dedicación para hacer una contribución”, dijo Elgin. “Anticipo que elegirá un área de las ciencias biomédicas donde pueda encontrar formas en las que su investigación pueda tener un impacto en un problema de salud mundial”.
Después de haber estado en el laboratorio de Elgin, Figueroa-Clarevega se decidió a realizar una carrera en investigación, pero todavía buscaba una manera de utilizar la ciencia para ayudar a otras personas. El verano después de que se graduó, estudió enfermedades infecciosas tropicales en la Organización Panamericana de la Salud en Washington , D.C., y las cosas comenzaron a acomodarse. “Llegó a ser muy personal, porque muchas de estas enfermedades existen en países como Honduras”, dice.
Allí, Figueroa-Clarevega aprendió de varias enfermedades que, a pesar de su impacto dramático en la salud global, reciben poca atención por parte de los investigadores. Se interesó particularmente en la ceguera de río, enfermedad donde “un poco de investigación podría tener un gran alcance”, dice. La enfermedad, que es causada por un gusano que crece en los ríos rápidos, es la segunda causa de ceguera en todo el mundo. La única droga disponible para tratarla reduce la transmisión, pero no destruye el parásito.
Figueroa-Clarevega, de 22 años, actualmente está estudiando los programas doctorado, buscando uno en el cual ella pueda combinar sus intereses en enfermedades infecciosas, genética y salud pública. Figueroa-Clarevega desea utilizar su investigación de doctorado para encontrar mejores formas para diagnosticar y tratar la ceguera de río.
Mientras tanto, trabaja como técnica de investigación en el laboratorio de Matthew Gibson en el Instituto Stowers de Investigación Médica en Kansas City, Missouri, donde estudia los genes que contribuyen al desarrollo epitelial de Drosophila. “Figueroa-Clarevega es una joven científica notable con enorme potencial”, dice Gibson. “Ella representa una combinación rara de capacidad de pensar en grande con la determinación para trabajar arduamente en la mesada de laboratorio”.
También trabaja como voluntaria en un hospital en Kansas City, jugando juegos, haciendo artesanías y hablando con pacientes pediátricos. “Cuando se está en una mesada de laboratorio todo el día, es difícil recordar que lo que se está haciendo tiene un gran propósito”, dice. “El estar en un hospital sirve de recordatorio. Las medicinas que los niños están tomando alguna vez fueron el proyecto de alguien en una mesada”.
Un día, Figueroa-Clarevega espera establecer su propio laboratorio de investigación en Honduras, en donde pueda estudiar las enfermedades que afectan a la gente de su país. Ella también desea utilizar su propio laboratorio como lugar que los hondureños jóvenes puedan visitar para aprender sobre investigación -y quizás pueda inspirarlos para que se conviertan en científicos-. “Deseo llevar estudiantes al laboratorio y dejarlos experimentarlo”, dijo. “Pienso que la investigación es maravillosa y muy interesante -deseo que todos tengan la oportunidad de estar expuestos a ella-”.
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