
31 de enero de 2008
Shoa Clarke
La niñez de Shoa Clarke en Maine fue dominada frecuentemente por la lucha de su madre soltera para que la familia no tuviera que vivir en refugios para personas sin hogares - experiencia, dice, que le hizo que desee brindarse a la comunidad. Así que trabajó como tutor e instructor de artes marciales para jóvenes con desventajas y como defensor de los derechos de las personas sin hogar. Y cuando se fue para la Universidad Cornell, se llevó consigo el sueño de la niñez de convertirse en médico.
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Shoa Clarke
Cornell University
Ithaca, NY
Foto: Barbara Ries
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En Cornell, una conversación con su consejero de estudiante de primer año alteró su curso. “Él quería saber cómo había sido mi primer semestre”, recuerda Clarke. “Le dije que extrañaba no tomar matemáticas. Siempre había tenido clases de matemáticas, y estuve en el equipo de matemáticas de la escuela secundaria - para mi era un juego de pensamiento divertido”.
Su consejero, Cutberto Garza (ahora Preboste y Decano de Profesores en Boston College), le presentó Clarke a Carlos D. Bustamante, profesor de Cornell y ex alumno del programa de becas predoctorales en ciencias biológicas del HHMI, que integra informática y estudios genómicos. Clarke habló con Bustamante, tomó uno de sus cursos y se quedó enganchado.
“Comencé a entusiasmarme realmente sobre el impacto que la información tecnológica podría tener en la forma en la que hacemos investigación”, dijo. Entonces, Bustamante llevó a Clarke a una conferencia en la cual presentador tras presentador habló de las implicaciones médicas de los estudios genómicos. Un orador, por ejemplo, habló de la genética de población y evolución de los plasmodios, patógenos que causan malaria. “El trabajo de su laboratorio eventualmente podría llevar a drogas nuevas para tratar la malaria y a una comprensión mejor de cómo poder prevenir la resistencia a drogas”, dijo Clarke. Pero pocos de los presentadores estaban interesados en perseguir esas posibilidades.
“Entonces supe que ese era mi interés”, dijo Clarke. “Transformar esas posibilidades en realidades. Como médico y doctor en ciencias, podría tener ventaja en el campo, en términos de llevar todas esas grandes cosas que suceden a nivel de estudios genómicos al nivel de las personas individuales”.
Clarke trabajó con Bustamante por dos años, estudiando genes que se han conservado en seres humanos pero que se han perdido en chimpancés. En 2005, fue nominado para participar en el Programa de Oportunidades Excepcionales en Investigación (EXROP, por sus siglas en inglés), que provee a estudiantes universitarios talentosos provenientes de orígenes desfavorecidos de experiencias de investigación durante el verano en laboratorios de investigadores del HHMI y de profesores del HHMI. Pasó un verano en la Universidad Columbia trabajando con el investigador del HHMI Barry Honig para crear una nueva forma de predecir la estructura de proteínas a partir de su secuencia de aminoácidos.
Ahora, en su segundo año en el programa de medicina y doctorado de Stanford, Clarke, de 24 años, ha comenzado su investigación de doctorado en el laboratorio de Gill Bejerano, que utiliza una metodología computacional para aprender más sobre el genoma de vertebrados. Clarke está ayudando a identificar elementos reguladores de genes y a entender su papel en la evolución de vertebrados.
Estos elementos reguladores parecen conducir la sincronización y el alcance de la expresión de genes, y pueden ser responsables de muchas de las diferencias entre especies cercanas, tales como los seres humanos y los chimpancés. “Parecemos diferentes, pero nuestra codificación de proteínas es similar”, dijo Clarke. “Puede ser que utilicemos los mismos genes, pero los utilizamos en distintos momentos y a distintos niveles de expresión”.
Clarke ve investigación en su futuro. Sus intereses incluyen cómo los genes influyen sobre la susceptibilidad a las enfermedades infecciosas y enfermedades complejas como la diabetes, así como usar modelos computacionales para entender cómo el genoma responde al estrés ambiental.
“Una de las cosas que me gusta de este trabajo es que me da muchas opciones”, dice. “No deseo especializarme en un gen o una especie, sino que puedo contribuir de muchas formas”.
Clarke también continúa contribuyendo fuera del laboratorio. Pasa la mayoría de los fines de semana en la Clínica Pacific Free, que proporciona cuidado médico gratuito para personas sin hogar y sin seguro de salud en San José. Entre otros proyectos, está ayudando en la transición de la clínica de expedientes médicos en papel a electrónicos, cambio que él cree mejorará inmensamente el cuidado. “Tan sólo la lectura de un registro puede ser difícil - leer la escritura a mano, o arreglárselas con una hoja que se cae”, dijo. “Es muy claro que cambiar cosas simples puede afectar la forma en que se brinda el cuidado de la salud”.
“Además de tener todas las cualidades que puedan hacerlo un líder en el campo de su opción, Shoa tiene su corazón en el lugar apropiado”, dice Bejerano. “Espero que esta combinación rara permita que Shoa se destaque no sólo en la ciencia, sino también en las vidas de las personas”.
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