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El aumento de temperaturas promueve la dispersión de la malaria hacia mayores altitudes

Summary

Investigadores del HHMI demuestran que el aumento de temperaturas puede causar la dispersión de la malaria en zonas donde la enfermedad no ha sido endémica históricamente.

 

Highlights

  • En las altitudes tropicales de América del Sur y África Oriental, las bajas temperaturas han controlado históricamente las enfermedades transmisibles por mosquitos, como la malaria.
  • Esta nueva investigación muestra que a medida que aumentan las temperaturas anuales en estas áreas, la malaria puede dispersarse a poblaciones que se encuentran en zonas de mayor altitud, que históricamente no eran de riesgo.
  • Sin mayores medidas de control, las mayores temperaturas aumentarán la incidencia de malaria, especialmente en las zonas de mayor altitud que están densamente pobladas.

En las altitudes tropicales de América del Sur y África Oriental, las bajas temperaturas han controlado históricamente las enfermedades transmisibles por mosquitos, como la malaria. Una nueva investigación de científicos del Instituto Médico Howard Hughes (HHMI) muestra que a medida que aumentan las temperaturas anuales en estas áreas, la malaria puede dispersarse a poblaciones que se encuentran en zonas de mayor altitud, que históricamente no tenían tanto riesgo de ser infectadas por el parásito de la malaria.

Científicos del HHMI compararon la distribución anual de casos de malaria en dos regiones montañosas de América del Sur y el África Oriental, y encontraron que en los años más cálidos, las poblaciones localizadas en regiones de mayor altitud experimentan más infecciones que en los años más fríos. Sus hallazgos, publicados el 7 de marzo de 2014, en la revista Science, sugieren que si las medidas de control no aumentan, el cambio climático aumentará la incidencia de malaria, especialmente en las zonas de mayor altitud que estén densamente pobladas.

“El patrón es muy claro, y la implicación es que las temperaturas más cálidas provocan una expansión hacia las altitudes [donde se producen infecciones de malaria]”, dice Mercedes Pascual, investigadora del HHMI en la Universidad de Michigan, quien dirigió el estudio. “Las tendencias a largo plazo indican que debería verse un aumento en el número de casos a medida que la enfermedad se disemina hacia mayores altitudes, donde provoca más casos”.

Se ha sabido por mucho tiempo que la temperatura afecta la dispersión de la malaria. Los mosquitos que transmiten los parásitos que causan la malaria, Plasmodium falciparum y Plasmodium vivax, proliferan a temperaturas más cálidas. Además, el mismo parásito madura en la forma infecciosa más rápidamente cuando las temperaturas son altas. Pascual dice que los científicos carecían de evidencia directa que indicara que el aumento en las temperaturas permitiría que el parásito invada nuevos territorios. Algunos científicos también han argumentado que el cambio socioeconómico y las medidas de control asociadas podrían tener un impacto mayor que los efectos del cambio climático.

Pascual explica que la prevalencia de la malaria varía a lo largo del tiempo en respuesta a muchos factores: los cambios en la temperatura, las precipitaciones, la utilización de las tierras, la resistencia del parásito a los medicamentos contra la malaria y las medidas de control contra los mosquitos, conjuntamente afectan la transmisión de la enfermedad. “Cuando se está buscando tendencias a largo plazo, es difícil atribuir el cambio a factores específicos”, dice.

Así que en lugar de analizar las tendencias a largo plazo, Pascual y los estudiantes de doctorado Mauricio Santos-Vega y Amir Siraj decidieron comparar los casos de malaria de año a año, en dos regiones que habían mantenido registros detallados sobre los horarios y los lugares de las infecciones. Trabajando con colegas de la Universidad de Londres, la Oficina Regional de Salud de Oromia de Etiopía y la Universidad de Columbia en Nueva York, mapearon la distribución geográfica de los casos de malaria desde 1990 hasta 2005 en la región de Antioquia, que se ubica en la zona oeste de Colombia, y desde 1993 hasta 2005 en la área Debre Zeit, en el centro de Etiopía —antes de que los intentos de intervención intensa hubieran comenzado. Para cada región, analizaron cómo la distribución a lo largo de gradientes altitudinales se modificaba al pasar los años y luego estudiaron las asociaciones estadísticas con las fluctuaciones de las temperaturas medias anuales.

Su análisis mostró que la distribución de los casos de malaria se desplazó hacia mayores altitudes durante los años más cálidos. Cuando las temperaturas bajaron, la distribución de los casos se retrajo hacia altitudes menores.

Pascual y sus colegas también utilizaron sus análisis para considerar el aumento en la prevalencia de malaria en Antioquia y Debre Zeit durante los años 1980 y 1990 y encontraron que los cambios de temperatura podrían explicar esas tendencias a largo plazo. “En esas décadas ya se observa un efecto del cambio climático” dice Pascual.

Ella dice que el impacto del cambio climático en curso va a ser grande. Sólo en Etiopía, 37 millones de personas viven en altitudes que van de 1.600 a 2.400 metros (5.249 a 7.874 pies), que es el rango que el equipo analizó al estudiar Debre Zeit. En un análisis anterior, Pascual y sus colegas habían estimado que sin las medidas de control, un aumento de 1 grado Celsius podría causar 3 millones de infecciones adicionales al año en niños menores de 15 años en esa población.

“Ahora tenemos evidencia de que se produce este cambio hacia mayores altitudes”, dice. Además, las personas que viven en regiones que no han sido previamente expuestas a la malaria son más vulnerables que las de las regiones endémicas, que a menudo han adquirido inmunidad gracias a infecciones previas, lo que las ayuda a combatir enfermedades graves.

“Esto resalta la necesidad de apoyar intervenciones para mitigar los efectos del cambio climático”, dice Pascual. Añade que afortunadamente las estrategias de control de la malaria, tales como insecticidas, mosquiteros, la modificación del medio ambiente y el uso de eficaces medicamentos contra la malaria, tienen una mayor probabilidad de éxito que a menores altitudes, en estas regiones en el borde de la distribución de la enfermedad, donde las tasas de transmisión siguen siendo relativamente bajas—a pesar de que esos bordes cambiarán a medida que las áreas epidémicas se expandan. Los datos de este estudio se pueden encontrar en el Repositorio Dryad: doi:10.5061/dryad.dp78p.

Scientist Profile

Investigator
University of Michigan
Computational Biology, Epidemiology

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Jim Keeley
[ 301-215-8858 ]
Robert Gutnikoff
[ 301-215-8627 ]