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Es fantástico hacer un microarreglador:
Día uno: caos y fallas
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Conformaban un grupo de científicos felices pero algo nerviosos 16 jefes de laboratorio seleccionados cuidadosamente, uno de los cuales había venido desde Nueva Zelanda hasta Long Island, Nueva York, para la experiencia. Construirían microarregladores de ADN a partir de piezas que se encontraban en estantes; lo harían bajo la supervisión de los inventores de la máquina, Pat Brown y su asociado Joseph DeRisi, y aprenderían a utilizar las máquinas eficientemente.
Se conocieron en un edificio nuevo en el Laboratorio de Cold Spring Harbor, donde se realizó el programa de dos semanas. "Las personas no debieran tener que esperar años y años para esta nueva tecnología", declaró James Watson, uno de los descubridores de la estructura de ADN y presidente del laboratorio, a medida que deambulaba por el desordenado cuarto al principio de la sesión. "Si se puede observar a 15.000 genes al mismo tiempo, en vez de 3, se puede lograr un progreso mucho mayor.... Después de oír recientemente a Pat Brown hablar en un encuentro, pensé: "¡Tiene que dar un curso!"
El número de científicos que habían solicitado este entrenamiento era ocho veces mayor que el número que se podía admitir. Ahora, los pocos elegidos 12 hombres y 4 mujeres se enfrentan a montículos de canastas y cajas llenas de piezas desconcertantes que se supone usarán para armar cuatro máquinas en funcionamiento. Claramente incómodos, formaron pequeños grupos alrededor de las pilas de equipo.
Muchos de ellos consultaban todo el tiempo sus copias de la "MGuide", un libro anillado que había sido impreso del sitio Web de Pat Brown. Brown había publicado las instrucciones paso a paso para hacer microarregladores de ADN en la Web, de modo que sus técnicas estuvieran disponibles gratis para todos los investigadores. Sin embargo, los científicos visitantes parecían contentos de tener a Brown y DeRisi a su lado mientras comenzaban a trabajar.
DeRisi, en particular, conocía la mayoría de las trampas. Había construido realmente un prototipo de este arreglador él mismo algunos años atrás, durante tres meses de trabajo intenso. "Conseguí las piezas de varios fabricantes, pero no vienen con muchas instrucciones", recuerda. "Eventualmente, deduje todo e hice anotaciones en un cuaderno". Desde entonces, ha hecho cinco arregladores más, mejorando y simplificando el procedimiento en cada paso.
Las piezas para un arreglador cuestan alrededor de 25.000 dólares. Brown y DeRisi habían enviado cuatro juegos al Laboratorio de Cold Spring Harbor desde Stanford. También trajeron un envase de ADN genómico de levadura, de modo que cada científico visitante pudiera amplificarlo (hacer copias múltiples) y aprender cómo imprimirlo sobre los portaobjetos de microscopio de vidrio utilizando los arregladores nuevos.
Temprano a la mañana había un caos de alambres, cables, motores, partes de formas extrañas y embalajes sobre mesas y sobre el piso, que se fue despejando lentamente. A las 2 de la tarde del primer día, la mayoría de las fundaciones de los arregladores tres mesas de rieles lineales propulsados por servomotores colocadas sobre una mesa antivibratoria se habían extendido y los participantes parecían un poco menos perdidos. Brown estaba impresionado. "Las cosas están funcionando asombrosamente bien", comentó. "¡No ha habido fallas! Generalmente hay algunas. Ojalá hubiéramos tenido alguna, porque es una gran experiencia de localización de problemas para descubrir qué estuvo mal".
Su deseo pronto fue concedido. Un ruido fuerte, estridente y de mal agüero los detuvo a todos. "Uh, ¿qué hicimos?" exclamó una voz masculina. Otro científico empujó inmediatamente un botón rojo en una caja amarilla cuadrada que estaba sobre la mesa y el sonido se detuvo. DeRisi entró en la batalla. "Si se necesita tocar el botón de detención de emergencia, se debe apagar el amplificador y el programa, antes de soltar este botón", advirtió en voz alta. "¡Recuerden eso!" Identificó rápidamente el problema y lo solucionó, tranquilizando luego al culpable diciéndole que no había habido daños serios.
Los científicos continuaron donde habían quedado. En una mesa, cuatro de ellos pasaron más de tres horas alineando y realineando tenazmente la cabeza de impresión, hasta que cupo correctamente paso esencial. El grupo entero parecía cada vez más resuelto a continuar. Después de cenar, volvieron al laboratorio para trabajar más. A las 12:30 de la noche, tres de los arregladores estaban en funcionamiento (resultó que faltaban algunas piezas para el último, que pronto llegarían).
Maya Pines
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