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Epstein conoció por primera vez a Chekouras durante la primavera de 1993, cuando visitó la Facultad de Medicina de Wisconsin para dar una charla sobre el BCNS. Nancy Esterly, dermatóloga de la facultad que trataba a varios pacientes con BCNS, incluyendo a Jenica, invitó a dos de las familias de la región a que oyeran la charla y conocieran a Epstein. "No es que tuviera mucho para ofrecerles clínicamente", dice Epstein, "pero al menos les podía hablar sobre el tipo investigación que se estaba realizando. Así que ellos viajaron hasta Milwaukee —no sé— unas 150 millas aproximadamente, conduciendo a través de la neblina de una primavera adelantada de Wisconsin, y tuvimos una charla. Y, por supuesto, nos dieron sangre mientras estaban allí".

"Llevamos las muestras de sangre a casa y resultó que Jenica tenía una mutación que era claramente de un tipo que interrumpiría la función del gen. Su ADN era tan anormal en este gen que no había dudas de que sería patogénico. Lo más importante era que esta anormalidad no estaba presente en el ADN de ninguno de sus padres".

"Dado que sus padres no tenían ni la mutación ni la enfermedad, podíamos decir que la mutación se presentó en la misma generación que la enfermedad, lo que nos dio mucho más seguridad de que la mutación en patched era realmente la causa y el BCNS era el efecto. Ésa era la mejor evidencia que teníamos".

De hecho, era tan convincente que Epstein llamó a Chekouras para obtener una segunda muestra de sangre de Jenica y de sus padres justo antes de anunciar el descubrimiento del gen. Quería estar absolutamente seguro de que no había ningún error. "Me sorprendió mucho oír su voz", dice Jenica. "Lo había visto sólo esa vez. Y en ese momento me dijo: `te envío unos frascos por Federal Express y necesito que tú y tus padres me den muestras de sangre y las necesito ahora'. Mi papá, que es un hombre de negocios internacional, estaba en Italia. Tuvimos que posponerlo un par de días hasta que mi papá pudiera volver. El Dr. Epstein no estaba contento. Quería que mi papá volviera ahora".

Una vez que el padre de Jenica volvió de Italia, se tomaron las muestras de sangre y las enviaron, y los investigadores confirmaron el resultado anterior. Eso lo corroboró. Epstein, Scott y sus colegas publicaron su descubrimiento de la base genética del BCNS y del carcinoma basocelular en el número del 14 de junio de 1996 de la revista Science. Ese mismo día, Allen Bale y un equipo internacional de colaboradores anunciaron el descubrimiento en la revista Cell. Bale y sus compañeros de trabajo habían llegado a patched de la forma tradicional, comenzaron con el segmento clave del cromosoma 9q, donde sabían que se debía encontrar el gen para el BCNS, y luego buscaron genes candidatos en esa región y mutaciones en pacientes y familias con el síndrome. Eventualmente, pudieron identificar mutaciones en el gen patched en seis pacientes con el BCNS, así como también en dos carcinomas basocelulares no asociados a la enfermedad hereditaria. Los dos equipos compartieron crédito por el descubrimiento.

Luego, el grupo de Scott procuró transformar este descubrimiento de investigación básica en una herramienta médica importante. El primer paso era crear un modelo en ratón que algún día pudiera servir para probar todos los tratamientos para el BCNS y el carcinoma basocelular —ratón cuyo gen patched no funcionara—. Los ratones sin ninguna copia funcional del gen nunca sobrevivían más allá de la etapa embrionaria, probando que patched era realmente crucial para el desarrollo, pero los ratones que tenían una copia funcional del gen (como es el caso de Jenica) presentaban síntomas que eran muy similares a los del BCNS. Algunos de estos ratones mutados eran anormalmente grandes, algunos tenían dígitos adicionales en sus patas y muchos desarrollaban un tipo de tumor cerebral, conocido como meduloblastoma, que resulta en una muerte precoz. El meduloblastoma es el tumor maligno cerebral más común en niños; los ratones mutados proporcionaron una herramienta nueva para estudiar esta enfermedad espantosa. Los ratones también desarrollaban carcinomas basocelulares cuando se los exponía a la luz ultravioleta —y se convirtieron en los primeros animales modelos para estos comunes cánceres—.

Los investigadores ahora utilizan ratones para analizar cómo se desarrollan tales cánceres y para probar terapias potenciales. Epstein dice que puede prever el desarrollo de una crema que los pacientes podrían simplemente frotar en sus carcinomas basocelulares para hacerlos desaparecer. Varias compañías biotecnológicas están trabajando ahora en tal terapia.

Hay tres razones para ser optimistas, dice Epstein dice. "La primera es que a diferencia de lo que sucede en la mayoría de los cánceres, éstos se esparcen muy raramente a otras partes del cuerpo; hacen su daño por medio de invasión local. Esto significa que la posibilidad de tratarlos es mucho más grande que en un cáncer como el de mama, el cual se tiene que tratar lo antes posible. En segundo lugar, son superficiales y responden a terapias repetitivas; se pueden atacar fácilmente. Y en tercer lugar, las células de estos cánceres de piel ya están programadas para morir. La función del epitelio normal, especialmente en la epidermis, es que las células se dividan, se diferencien y mueran. Por lo tanto, hay una posibilidad razonable de que si se empuja levemente a estas células hacia el precipicio, ellas harán el resto del suicidio por sí mismas".

Nadie recibiría a tal tipo de crema con mayor entusiasmo que Jenica Chekouras. Hace tres años ella comenzó una nueva forma de terapia, llamada terapia fotodinámica, en la cual se extiende por su piel un agente fotosensible y después se irradia con luz, lo que seca los cánceres y los hace descamarse. A pesar de que el tratamiento parece funcionar mejor que la cirugía, lleva mucho tiempo y a menudo deja a Jenica con un acné severo, furúnculos dolorosos y quemaduras. "Mi idea original era tomar la terapia fotodinámica hasta remover todo el cáncer", dice. "Estoy haciendo lo que dije que quería hacer cuando tenía seis años. Los estoy quemando a todos. Pero es bastante agotador físicamente. Me encantaría que hubiera una forma más fácil".

— Gary A. Taubes


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Las anormalidades en el primer modelo animal del carcinoma basocelular —ratón que tiene una copia defectuosa del gen patched— incluyen dígitos extras en sus patas. Las áreas azules muestran los lugares en los que el gen está activo.

Foto: Matthew Scott


Jenica lleva una vida normal, pero espera que los investigadores encuentren tratamientos mejores y menos dolorosos para sus cánceres de piel.

Foto: Kay Chernush



 
         
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