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Al buscar en la literatura científica, Scott localizó
a Ervin Epstein, dermatólogo que se encuentra en la Universidad
de California, en San Francisco, a sólo 40 millas de distancia y
quien es una autoridad en la genética del síndrome de
nevo basocelular. Scott llamó a Epstein, se presentó
y dijo: "Creo que tengo su gen". Comenzó a
explicarle, mencionando los genes patched, Drosophila, etcétera.
Ahora a Epstein le divierte decir que lo primero que pensó
fue ¿qué es una Drosophila?, aunque cuando se lo
presiona, admite que la conocía. "Pero le aseguro que no
tenía ni idea qué era un gen patched o nada sobre
la biología del desarrollo". Epstein le dijo a Scott que
era "bueno" que pensara que tenían su gen, y los dos
decidieron trabajar juntos para ver si era verdad.
Epstein, que se describe a sí mismo como a "un
dermatólogo que ve pacientes como parte de su trabajo
diario", había estado buscando la base genética del
BCNS desde 1987, cuando leyó una serie de artículos en la
revista Nature durante un vuelo de Cleveland a San Francisco.
Los artículos anunciaban el descubrimiento del gen que causa el
retinoblastoma, cáncer de ojo raro y mortal que afecta a
niños. Como en el BCNS, hay dos versiones del retinoblastoma.
Una afecta a niños recién nacidos y está
caracterizada por tumores múltiples. La otra ataca a
niños cuando son mayores y generalmente se caracteriza por tener
sólo un único tumor.
En 1971, Alfred Knudsen, pediatra que trabajaba en el Hospital e
Instituto del Tumor M.D. Anderson, en Houston, había propuesto
una explicación. Sugería que en la versión de
inicio precoz del retinoblastoma, los niños heredan un gen
defectuoso de uno de los padres. Apenas nacen, estos niños ya
están a mitad de camino de desarrollar la enfermedad. Entonces,
algo tan simple como un error en la replicación del ADN en una sola célula del ojo, la cual causa un defecto en
el gen normal que fue heredado del otro padre, haría que esa
célula se convierta en un tumor. De forma opuesta, Knudsen
especulaba que los niños que desarrollan retinoblastoma
más tarde en la niñez probablemente nazcan con dos copias
buenas del gen, pero tienen la mala suerte de tener ambas copias en una
célula que se vuelve defectuosa. Esto llevaría más
tiempo, haciendo que el cáncer aparezca a una edad más
avanzada.
"Piense en este cáncer como en un coche que se queda
sin frenos", sugiere Epstein. "Si se tiene una
fábrica que produce frenos traseros que fallan 1 de cada 1.000
veces, y frenos delanteros que fallan 1 de cada 1.000 veces,
sólo 1 de 1 millón de coches perderá sus frenos
completamente. Eso no es mucho. Pero si la fábrica produce todos
sus coches con frenos traseros defectuosos, entonces 1 de cada 1.000
eventualmente perderá el control y esos son muchos
coches".
En 1987, cuando los investigadores de la Enfermería del Ojo y
del Oído de Massachusetts, en Boston, y del Instituto Whitehead
para la Investigación Biomédica, en Cambridge, en
Massachusetts, anunciaron que habían identificado y clonado el
gen que causa el retinoblastoma, también confirmaron la
hipótesis de Knudsen. El gen conocido como RB, por
retinoblastoma fue el primer gen "supresor tumoral" que se descubrió, llamado supresor tumoral porque el
cáncer se desarrolla sólo cuando el gen es defectuoso o
no se encuentra.
La semejanza entre el retinoblastoma y el BCNS llamó la
atención de Epstein. "La idea de que hay dos versiones de
retinoblastoma tipo hereditario raro, en el cual hay tumores
múltiples con una edad precoz de inicio y un tipo
esporádico, que se presenta con tumores únicos y a una
edad de inicio ligeramente posterior clarificó lo que sucede en
un carcinoma basocelular", dice. "Los carcinomas
basocelulares se dan más comúnmente en personas no tan
jóvenes, como yo, que ya han estado bastante expuestas al sol, y
le salen uno o dos carcinomas basocelulares. Pero también
sabía que había una forma rara y hereditaria llamada
síndrome de nevo basocelular, que se presenta precozmente y
provoca carcinomas múltiples".
Epstein y sus colegas comenzaron la búsqueda y el clonado del gen responsable del BCNS, siguiendo los pasos que
los grupos de Boston y Cambridge habían realizado al estudiar el
retinoblastoma.
Primero, obtuvieron muestras de sangre y de tumores de cuantas
personas con BCNS pudieron encontrar, poniendo avisos en revistas
médicas y hablando con investigadores en congresos, esperando
que los médicos se enteraran de su trabajo y enviaran muestras
de los pacientes. Luego, los científicos comenzaron
cuidadosamente a examinar los 23 pares de cromosomas de cada
paciente, uno por uno, buscando defectos.
"Los genes supresores tumorales se inactivan a menudo por
deleciones en una copia del gen", explica Epstein. "Esta
deleción frecuentemente no es sólo una pequeña
parte del gen, sino que es un gran pedazo del brazo del cromosoma que
lo contiene. Si se tiene alguna forma de detectar las dos copias del
gen en el ADN de una célula normal, se puede ver si ambas copias
están presentes en la sangre. Después, se puede mirar el
tumor y ver si una copia del gen se ha perdido durante su
crecimiento".
Epstein y sus colegas comenzaron con el cromosoma 1 porque
habían visto algunas pistas en las revistas de que ésta
era el área problemática. "Por supuesto",
dice Epstein, "encontramos algunas deleciones en el 25 por ciento
de carcinomas basocelulares en el área 1q y dijimos:
`fantástico, donde ponemos el ojo, ponemos la bala'. Y
después conseguimos una familia muy grande de Nueva Inglaterra
con BCNS y vimos si mapeaba allí ¡y no lo hacía
para nada! Claramente, no era el sitio correcto".
Durante los siguientes siete años, Epstein y sus colegas
avanzaron poco. Afortunadamente, no estaban solos en la
búsqueda. En 1992, Allen Bale de la Universidad de Yale, genetista, de cáncer, anunció que su equipo
había localizado al gen responsable del BCNS en un área
del cromosoma 9.
"Entonces todos los demás descubrieron que las familias
con BCNS estaban relacionadas con el mismo cromosoma", dice
Epstein. La posición del gen pronto se redujo a la región
del cromosoma 9q que era de sólo unos 5,5 millones de pares
de bases (5,5 megabases) de largo. Epstein describe al genoma humano como si fuera el equivalente de toda la
Enciclopedia Británica y ellos se las habían
ingeniado para reducir la ubicación del gen a un volumen y luego
a un apartado. Pero ese apartado seguía siendo de 50
páginas de largo, y el defecto en el gen que buscaban
podría haber sido el equivalente a un error ortográfico
en una sola palabra. "Y ni se puede saber cuáles son las
palabras", agrega, "porque están todas juntas y sin
puntuación".
Aquí es donde Epstein se encontraba en 1995 cuando
recibió la llamada telefónica de Scott, a la que ahora se
refiere como una intervención divina. Pronto, los grupos de
Scott y de Epstein, trabajando juntos, probaron que el gen
patched humano se encontraba, en realidad, en la misma
región de 5,5 megabases del cromosoma 9q que ya se había
relacionado con el BCNS y el carcinoma basocelular.
Incluso con esa información, parecía como si pudieran
estar equivocados. Cuando buscaron grandes defectos en el
patched del ADN de las 86 familias con BCNS que Epstein
había juntado, "no pudimos encontrar nada",
recordó. "Fue increíblemente
desalentador".
La única cosa que quedaba por hacer era buscar mutaciones puntuales en el gen las cuales, siendo el
equivalente de errores ortográficos únicos en la
Enciclopedia Británica, podrían ser una
pérdida de tiempo y quizás en vano. Utilizando todos los
trucos posibles, los dos equipos finalmente identificaron algunas
mutaciones en el gen patched en unos pocos pacientes con BCNS,
así como también en algunos de los tumores basocelulares
esporádicos. Sin embargo, todavía necesitaban algo que lo
confirmara: un solo caso, una muestra de ADN o varias muestras de una
familia que no fuera ambigua. Aquí es donde Jenica Chekouras
entró en acción.
Gary A. Taubes
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 Los carcinomas basocelulares ocurren más frecuentemente en las áreas del cuerpo expuestas, como la cara. Pueden ser llagas abiertas, porciones rojizas, protuberancias brillantes o prominencias rosadas con un borde levemente elevado y una hendidura en el centro con costra, como la que tiene este paciente en la nariz.
Foto: tomada de "Basal Cell Carcinoma, the Most Common Cancer," ©1986 por la Fundación del Cáncer de Piel


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