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Esta historia no comienza con Jenica sino con las moscas de la
fruta, miles de ellas. Con el correr de los años, estos insectos
comunes, del largo de una “f” de esta página, se han
convertido en un animal experimental ideal para estudiar la forma en la
que los genes controlan el desarrollo de un organismo para que
éste se convierta en una criatura compleja y completamente
formada a partir de una sola célula tarea que las moscas
de la fruta realizan en menos de 10 días.
Matthew Scott utilizó la Drosophila
melanogaster para examinar dos clases de genes del
desarrollo en la Universidad de Colorado, donde instaló su
primer laboratorio en los años 80. Una de las clases de estos
genes los genes de segmentación divide al
embrión de la mosca en segmentos que se convierten eventualmente
en las distintas partes del cuerpo de la mosca adulta. La otra clase de
genes genes que contienen homeobox le da a estos segmentos sus características distintivas: una cabeza, dos alas, seis patas,
un tórax y las 10 secciones del abdomen de la mosca.
Un gen de segmentación llamado patched, que fue
descubierto por los investigadores alemanes Christiane
Nüsslein-Volhard y Eric Wieschaus, parecía particularmente
intrigante. Los estudios sobre este gen fueron incentivados por la
llegada de Joan Hooper al laboratorio de Scott, quien ahora se
encuentra en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de
Colorado, en Denver. Si se mutaba a patched en un embrión
de mosca, era como si se hubiera roto la brújula que determina
la polaridad de cada segmento del cuerpo de la mosca. "Las
estructuras se invertían parcialmente", dice Scott.
"Se conseguía una duplicación de imagen especular
de patrones". En 1989, Hooper y Scott clonaron el gen
patched.
Pero los investigadores todavía no tenían mucha idea
de cómo el gen patched hacía lo que hacía.
Para descubrir su función, varios grupos buscaron genes
similares en otros organismos. Resultó que un gen de la mosca
conocido como hedgehog, que estaba relacionado funcionalmente
con patched, tenía un gen que se correspondía, u homólogo, en ratones. Estas noticias hicieron que el
equipo de Scott se afanara aún más por encontrar los
homólogos mamíferos de patched.
Sin embargo, resultaba muy difícil ir directamente del gen
patched de la mosca a un gen equivalente en ratones, de modo que
Scott y sus colegas decidieron utilizar una metodología
evolutiva “escalonada”. Comenzaron con varios insectos
primero mosquitos y luego mariposas y escarabajos de la flor, y en
cada caso encontraron un homólogo. En cada paso, aprendieron
más sobre el gen y qué partes de él habían
permanecido iguales durante cientos de millones de años de
evolución.
Finalmente se sentían listos para emprender los estudios en
mamíferos. Después de un año y medio de trabajo,
una estudiante de doctorado y un estudiante posdoctoral del laboratorio
de Scott Lisa Goodrich y Ron Johnson encontraron un homólogo
de patched en ratones. Johnson lo llama “su gran
éxito” y le da mucho del crédito a Goodrich, a
quien describe como extremadamente tenaz en su metodología.
Con el gen patched de ratón en su poder, el equipo de
Scott salió a la caza de la versión humana. El
encontrarlo fue relativamente fácil, especialmente cuando
observaron los aminoácidos (los ladrillos de
construcción de las proteínas) para los cuales los genes
tienen las recetas. Cada aminoácido está especificado por
una secuencia de tres pares de bases de ADN. Cuando los
investigadores compararon los aminoácidos producidos en
células de ratón y de ser humano, encontraron que el 94
por ciento de la secuencia del aminoácido del gen patched
de ratón era idéntico al de los seres humanos. (En
contraste, sólo el 40 por ciento de la secuencia de
aminoácidos del gen patched de la mosca de la fruta era
idéntico al de los seres humanos).
“Nunca antes habíamos trabajado con material
humano”, recuerda Scott. Pero Stanford tiene un centro para el genoma humano, así que les pidieron a Rick Myers y David
Cox, dos genetistas que lo dirigen, que les mapearan al nuevo gen para
ubicarlo en un cromosoma humano. "Entonces se hizo
realmente interesante", dice Scott. "Lo que se obtiene es
la ubicación aproximada en un mapa y una lista de otros genes
cercanos, y se analizan los otros genes esperando que algo resulte
estar relacionado un síndrome que provoque defectos de
nacimiento, por ejemplo".
Sólo una enfermedad resultó familiar en la
región cercana a patched. La enfermedad era el síndrome de nevo basocelular. "Los tejidos
afectados correspondían de forma casi exacta a las áreas
donde sabíamos que estaba funcionando esta vía, basados
en nuestros estudios en ratón", dice Scott. "En las
personas, los defectos en el gen patched pueden causar espina
bífida, polidactilia que significa tener dedos adicionales,
anormalidades en las costillas, y cáncer de piel y de cerebro.
Todos éstos son los lugares donde el gen patched
está activo en ratones".
Sin embargo, "había mucho escepticismo en mi
laboratorio", dice Scott. "Rick Myers ya me había
advertido que cuando se mapea un gen, siempre se encuentra algo cerca
de la localización en el mapa que parece realmente bueno y casi
siempre está mal".
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 Lisa Goodrich y Matthew Scott comenzaron con el gen patched de las moscas y encontraron un gen equivalente en ratones, lo que pronto los llevó al gen equivalente en humanos.
Foto: Barbara Ries


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