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Con tantos avances importantes relacionados con la
investigación en las moscas de la fruta, Drosophila era una candidata ideal para un proyecto genoma, dice Rubin. Así y todo, al principio los
drosofilistas no veían la necesidad de gastar millones en un
proyecto tan grandioso.
"Se había estudiado a la Drosophila por tantos
años", dice Rubin, "que no se apreciaba el impacto
que tendría un proyecto genómico. Todo el mundo ya
tenía mutaciones muy interesantes en las moscas que
controlaban cosas interesantes, como la formación de patrones, y
tenían suficientes herramientas como para poder realmente aislar
y clonar a esos genes. Avanzábamos a paso lento y
constante, descubriendo algo interesante cada seis meses. Es duro
decirle a personas así, `pase ahora cinco años
construyendo una infraestructura para que pueda encontrar algo
interesante cada seis semanas'".
Rubin se involucró cuando su frecuente colaborador Allan
Spradling, investigador del HHMI en la Institución Carnegie
de Washington, en Baltimore, lo visitó en Berkeley en 1991. Los
dos se sentaron a quejarse de que nadie se había lanzado a hacer
un proyecto a gran escala del genoma de Drosophila.
Como dice Rubin, "dijimos, `alguien lo tiene que hacer', y
entonces nos dimos cuenta que nosotros éramos los que
estábamos mejor posicionados para hacerlo, y que no
deberíamos sentarnos a quejarnos y lloriquear sobre por
qué nadie más lo estaba haciendo si no lo estamos
haciendo nosotros. En ese momento pensamos, `intentemos coordinarlo y
hacerlo marchar'". Spradling y Rubin solicitaron un subsidio para
hacer el proyecto en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, y
reclutaron a científicos jóvenes y promisorios para
ayudarles. "Todo se coordinó unos meses después de
que Allan y yo decidiéramos que necesitamos ser más
diligentes", dice Rubin.
Aún había escépticos entre los drosofilistas
que no creían que el proyecto fuera necesario. Rubin dice que
cambiaron de opinión cuando vieron lo que le sucedió a
los investigadores de levadura una vez que se secuenció el
genoma de ésta. "Les hizo darse cuenta de lo poderosa que
podría ser esta herramienta. Es como tener una tabla
periódica de elementos. Permite toda una gama de
tecnologías. Por lo tanto, cuando las personas vieron lo que
estaba sucediendo en levadura, se dieron cuenta de que querían
un genoma de Drosophila. Las mismas personas que se quejaban de
que estábamos desperdiciando dinero, ahora se quejaban de que se
haría en tres años y no en un año".
Rubin y sus colegas estimaban originalmente que podrían
secuenciar el genoma completo de Drosophila para el año
2002. Pero esa hazaña se logró considerablemente
más rápidamente gracias a su colaboración con
Celera Genomics Corporation, que era dirigida por J. Craig Venter.
Venter inició el uso de un notable método de
secuenciación, conocido secuenciación shotgun del
genoma completo, que se hizo más práctica gracias a las
nuevas máquinas de secuenciación producidas por la PE
Corporation, casa matriz de Celera.
Para realizar la secuenciación shotgun, el genoma
completo 3 mil millones de pares de bases en el caso de los
seres humanos se separa aleatoriamente en pedazos de varios
tamaños. Luego, se secuencian los pedazos simultáneamente
mediante centenares de máquinas que trabajan en paralelo, y las
computadoras se las ingenian para encajar los pedazos. "Es una
forma de conseguir mucha información muy
rápidamente", dice Rubin. Venter quería utilizar el
genoma de Drosophila como prueba para el genoma humano, el cual
era su meta principal. La secuencia de la mosca se publicó el 24
de marzo de 2000 (www.fruitfly.org/sequence/index.html).
"Para mí, la secuencia completa es en realidad
sólo el comienzo", dice Rubin. "La química no
terminó con la tabla periódica de los elementos; la
biología no termina cuando tenemos las secuencias. Tenemos que
comprender lo que hacen todas esas secuencias y comprenderlas lo
suficientemente bien como para idear formas de intervenir cuando no
funcionan correctamente. En ese momento, estaremos practicando
medicina".
Gary A. Taubes
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 En abril de 2000, el vicepresidente del HHMI, Gerald M. Rubin (centro) declaró sobre el estado e impacto de los proyectos de secuenciación genómica ante el Subcomité de Energía y Medioambiente de la Casa de Representantes de los Estados Unidos. A la derecha de Rubin se encuentra Craig Venter, ex presidente y gerente general de Celera Genomics Corporation, y a la izquierda de Rubin se encuentra Robert Waterston, director del Departamento de Genética de la Facultad de Medicina de la Universidad Washington, en St. Louis.
Foto: William K. Geiger


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