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A pesar de que durante la primera mitad del siglo 20 la
investigación en Drosophila estaba a la vanguardia de la
biología y la genética, no fue hasta los años 70,
después del advenimiento de la biología molecular, que la
gente mosca se dio cuenta de toda la importancia de lo que estaban
aprendiendo. "Fue entonces que los biólogos comenzaron a
captar la increíble homología entre las especies",
dice Corey Goodman, ex investigador del HHMI, de la Universidad de
California, en Berkeley. Primero se comprendió la forma en la
que la naturaleza presenta el plan arquitectónico del
embrión en desarrollo de la mosca. Grupos de genes se
activan secuencialmente, determinando el patrón completo del
cuerpo parte delantera y trasera, por ejemplo, y superior e inferior
y, luego, cascadas genéticas sucesivas determinan estructuras
cada vez más localizadas.
Para que este plan arquitectónico se lleve a cabo son
esenciales los genes que contienen el llamado homeobox, elemento
de unión de ADN que fue descubierto en forma
independiente en 1983 por Walter Gehring y sus colegas de la
Universidad de Basel, en Suiza, y por Matthew Scott y Amy Weiner,
quienes trabajaban entonces con Thomas Kaufman, de la
Universidad de Indiana, en Bloomington. Los genes homeobox codifican
para proteínas que le indican a las células de distintos
segmentos del embrión en desarrollo "qué clase de
estructuras tienen que hacer antenas para la cabeza, por ejemplo, y
patas para los tres segmentos torácicos", dice Scott.
Genes homeobox casi idénticos también fueron encontrados
rápidamente en los genomas de ratones y de seres
humanos.
"Hasta entonces", dice Scott, "se había
pensado que animales tan diferentes como los vertebrados y los
invertebrados tendrían mecanismos diferentes de control,
crecimiento y formación de patrones que, a lo sumo,
podríamos utilizar analogías para compararlos, pero que
no se podría transferir directamente mucho
más".
Al saber que se presentaban los mismos tipos de mecanismos,
"se simplificó todo el problema del desarrollo",
dice Scott. "En vez de tener que estudiar los genes, las
proteínas y los eventos moleculares que son específicos
de un determinado tejido, de una etapa del desarrollo o de un
organismo, se pueden aprovechar las características
específicas de cualquier sistema experimental que se esté
usando, y lo que se aprenda probablemente será muy útil
para comprender muchos otros eventos que puedan tener lugar en otros
tejidos, etapas y criaturas".
Esto es lo que Rubin llama "la lección que nos
da" la investigación de Drosophila y los
últimos cinco años de biología molecular.
El propio trabajo de Rubin sobre el desarrollo del ojo de
Drosophila lo ha confirmado. "En la retina de la mosca,
por ejemplo, estudiamos una vía de señalización
que comienza con un receptor llamado sevenless.
Resolvimos toda esta larga vía de alrededor de 20 componentes
identificados. Algunos de esos componentes ya se conocían, pero
otros eran nuevos. Y en al menos dos de los casos, hemos identificado
un componente nuevo y después hemos podido demostrar que estaba
conservado en seres humanos".
"Así que descubrimos genes que son importantes para los
mismos eventos de señalización en seres humanos, pero que
antes eran desconocidos en humanos. Pudimos hacerlo porque las
técnicas experimentales son mejores en Drosophila.
Aislamos el gen de Drosophila, lo clonamos y
después aislamos el gen correspondiente en seres humanos.
Ése es un método muy bien probado de descubrimiento de
genes, y ahora hay literalmente centenares de ejemplos".
En 1986, Scott y sus colegas comenzaron a estudiar un gen de
Drosophila conocido como patched, que desempeña un
papel crucial en el desarrollo del embrión de mosca. Para 1994,
habían descubierto homólogos de patched en
especies que iban desde el escarabajo de la flor hasta los ratones y
los seres humanos. Lo que es más, habían identificado al
homólogo humano de patched como el gen comprometido en el carcinoma basocelular, el tipo de cáncer humano
más común, y en un trastorno genético
desfigurativo, conocido como síndrome de nevo
basocelular.
En los pocos años que han transcurrido desde entonces, la
investigación de Drosophila ha llevado a la
creación de los primeros modelos animales de estos trastornos
ratones que desarrollan el síndrome de nevo basocelular o el
carcinoma basocelular debido a defectos en sus genes patched.
El estudio en estos ratones les debería facilitar a los
científicos la búsqueda de tratamientos para enfermedades
humanas.
Gary A. Taubes
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 En insectos y mamíferos, genes muy similares en el mismo orden controlan el desarrollo de las partes anteriores y posteriores del cuerpo.
Ilustración: William McGinnis (adaptada por John Kachik)
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