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La primera mosca de fruta mutante que se ha registrado es una mosca
con ojos blancos que el legendario Thomas Hunt Morgan descubrió
en su "cuarto de moscas", en la Universidad de Columbia, en
1910. Pero desde 1907, Frank Lutz, de la Institución Carnegie,
les comentaba a sus amigos que sus moscas "habían
comenzado a hacer trucos con las venas [de sus alas]" (las venas
prominentes que forman patrones en las alas) y, en 1908, observó
moscas enanas en sus cultivos.
Desde entonces, las moscas de la fruta mutantes han proliferado
como, bueno, moscas, generando en el proceso toda una nueva área
de la biología. Hay mutantes con colores de ojos extraños
rosado, púrpura, marrón o aún bermejo en lugar
del rojo ladrillo normal y otras con alas truncadas o alas diminutas o
sin ninguna ala. Hay mutantes que son muy peludas y otras que son
calvas.
Hay embriones mutantes gigantes y mutantes con patas donde debieran
estar las antenas o la boca. Hay mutantes con ojos perfectamente
formados y funcionales que crecen en las alas, en las patas o en las
extremidades de las antenas. Hay mutantes con dos grupos de alas en vez
de uno, y mutantes sin cabezas pero con dos abdómenes pegados en
los extremos.
Hay mutantes incoordinadas y mutantes sin memoria. Hay mutantes que
carecen del comportamiento de cortejo y otras que cortejan sólo
a su propio sexo. Hay mutantes que no pueden tolerar el alcohol. Y
éstas son sólo una pequeña muestra de las moscas
de la fruta mutantes.
Hacia fines de los años 80, los investigadores de moscas de
la fruta conocidos como "gente mosca" o
"drosofilistas", por el nombre latino del insecto Drosophila melanogastercatalogaron unas 3.000
mutaciones diferentes, lo que representa una abundancia extraordinaria
de información biológica. Su valor reside en un hecho
simple de la investigación genética: "la forma en
la que se descubre lo que hace un gen", dice Hermann
Steller, investigador del HHMI y neurobiólogo en la
Universidad de Rockefeller, "es generando una mutación y observando las consecuencias observando lo
que hace la mosca cuando ese gen pierde su función. Si no se
tuviera ninguna idea de lo que hace el motor un coche y cómo
funciona, se sacarían distintas piezas para ver qué
sucede. Ésta es la lógica básica que utilizan los genetistas para ver la función de los genes".
La gente mosca afirma que durante un siglo, esta abundancia de
mutantes le ha enseñado a los biólogos más de los
procesos biológicos, de desarrollo y genéticos
fundamentales de las moscas que de los procesos de cualquier otro
organismo complejo. (Algunos investigadores dirían que se sabe
tanto o más sobre el gusano redondo C.elegans.) Actualmente, los drosofilistas pueden describir con un grado razonable
de precisión cómo se forma un embrión de la mosca
de la fruta: qué genes se activan durante su desarrollo,
qué hacen esos genes y por qué lo hacen.
Todo este conocimiento hubiera sido de interés sólo
para un pequeño grupo de especialistas si no fuera por una cosa.
La mosca de la fruta ayudó a encender la chispa de una
revolucionaria comprensión biológica: que los mecanismos
genéticos fundamentales del desarrollo parecen ser iguales en
todos los seres vivos. Una vez que la evolución tropieza con un
mecanismo que funciona, dice Matthew Scott, investigador del
HHMI, en la Universidad de Stanford, lo utiliza una y otra vez.
Consecuentemente, la investigación sobre el genoma de
D. melanogaster desempeña un papel fundamental en el
descubrimiento de procesos biológicos que todos los organismos
comparten.
"Si sólo se tuviera la secuencia del genoma
humano", dice Gerald Rubin, vicepresidente del HHMI y
profesor de genética en la Universidad de California, en
Berkeley, quien ha trabajado con D. melanogaster durante 25
años, "no sabríamos cómo interpretarlo.
Está escrito en una lengua extranjera que no podemos leer. Para
poder interpretarlo se necesitan los genomas de los organismos
modelos, con los cuales ya se ha hecho mucho trabajo para
determinar cuáles son las funciones de los genes".
"Con los seres humanos no se puede hacer la clase de
experimentos que se puede realizar con los organismos modelos. No se
puede decir, `deseo cruzar a esa persona con esa otra persona y ver
cómo son sus nietos'. Por lo tanto, se tiene que ir un paso
atrás y buscar en estos otros genomas las pistas de cómo
funciona el genoma humano".
Los investigadores han estado clonando los genes de D.
melanogaster, un gen a la vez, desde mediados de los años
setenta, cuando la tecnología de ADN recombinante se hizo
disponible por primera vez. Pero la mosca de la fruta a pesar de su
aparente simplicidad si se la compara con los seres humanos sigue
siendo un organismo extraordinariamente complejo.
"Los organismos biológicos no funcionan con un solo gen
a la vez", dice Rubin. "Los genes interactúan entre
sí en vías y redes muy complicadas. Hemos tendido a
sobresimplificar la biología para poder realizar los estudios
que podemos hacer en el laboratorio. Hemos tenido algunos
éxitos. Se han comprendido las etapas iniciales del desarrollo
del embrión de Drosophila, por ejemplo, pero eso es
probablemente la cosa más compleja que hemos descubierto con
esta clase de metodología de un gen a la vez.
"Los proyectos genómicos realmente van a cambiar la
biología y la forma en la que hacemos experimentos. Nos
permitirán observar los problemas en toda su complejidad y nos
permitirán recoger toda la información que necesitamos
para estudiarlos a ese nivel".
Gary A. Taubes
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 Gerald Rubin, líder en los trabajos para decodificar el genoma de la mosca de la fruta, se encuentra frente a una pequeña sección de la secuencia completa.
Foto: Paul Fetters


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