| |

La levadura puede permitirse ser egoísta. Como es un
organismo unicelular, no tiene que preocuparse por el bienestar de
ninguna otra célula. Mientras que tenga suficiente comida uvas maduras, hojas pegajosas o casi cualquier cosa dulce sólo tiene que comer y se reproduce cada 90 minutos.
Sólo en las células de levadura anormales se detiene
el crecimiento cuando el suministro de alimentos todavía sigue
siendo abundante. En los años 70, Leland Hartwell, de la
Universidad de Washington, en Seattle, se aprovechó de este
hecho para realizar sus revolucionarios estudios sobre el ciclo
básico mediante el cual una célula crece y se divide en
dos células hijas.
Hartwell eligió trabajar con la levadura de pan porque
crece por gemación. A diferencia de las células de levadura de fisión, que se reproducen haciéndose
más y más grandes y después dividiéndose
por la mitad, las células de levadura de pan nunca superan el
tamaño que alcanzan durante la madurez. En cambio, un
pequeño brote, o yema, comienza a sobresalir de la superficie de
la célula, rompiendo su prolija simetría, cuando la
célula inicia su ciclo reproductivo. Al principio es una simple
espinilla en la superficie de la célula, la cual pronto crece y
se hincha hasta que es casi tan grande como la célula madre.
Luego, se separa.
Cualquier mutación que afecte la división
celular hará que la yema deje de crecer después de
que ha alcanzado un tamaño en particular un síntoma
fácil de reconocer. Cuanto más grande es la yema en el
momento que deja de crecer, más lejos habrá progresado la
célula a lo largo del ciclo de división cuando el efecto
de la mutación irrumpió. Por lo tanto, las células
cuyas yemas se detienen en distintos tamaños, contienen
mutaciones que afectan distintas etapas del ciclo celular.
Usando el tamaño de la yema como guía, Hartwell y sus
colegas consiguieron identificar el primer gen mutante
(cdc, o mutante del ciclo de división celular) que era claramente responsable de bloquear el ciclo celular. Luego,
identificaron otros 32 genes que estaban involucrados en la
detención del crecimiento de las yemas de levadura en distintas
etapas.
Lo que hizo que estos resultados fueran fascinantes para los
investigadores fue que pronto se encontraron los equivalentes humanos
de los genes de levadura. Fue aún más interesante que
estos genes humanos resultaron desempeñar funciones cruciales en
el desarrollo del cáncer a pesar de que el cáncer no
ocurre en organismos unicelulares como la levadura.
Maya Pines
< Anterior | Inicio de pagina | Siguiente >
|
|
 Un célula de levadura desarrolla una nueva yema (derecha) a pesar de que ya presenta la cicatriz de un nacimiento previo (izquierda). Después de dividirse 20 o 30 veces, las células de levadura están cubiertas de cicatrices y no se pueden dividir de nuevo.
Imagen: Eric Schabtach e Ira Herskowitz


|